Escrito por Iván Rodríguez Lunes, 08 de Marzo de 2010 22:14
Segunda división - Rayo Vallecano

El Rayo Vallecano ha adelantado la Semana Santa viviendo todo un via crucis en febrero. Pepe Mel protagonizó su particular pasión y su vida como entrenador rayista fue entregada para la salvación del conjunto franjirrojo. El otrora secretario técnico Felipe Miñambres ocupa su lugar en el banquillo, dejando la dirección deportiva en manos de su colaborador Ángel Medina y Carmelo del Pozo, ayudante del entrenador en la era Mel. Como en todo buen guión, parecen no haber faltado las intrigas y turbios sucesos palaciegos.
Siete partidos sin ganar y sobre todo la patética imagen mostrada ante el Decano en Huelva, y el escandaloso correctivo que le infligió el Girona en Vallecas (0-3) terminaron con 3 temporadas y media de Pepe Mel como inquilino del banquillo local en el Teresa Rivero. Como la noche y el día, el Rayo despedía el año 2009 ganando en el Helmántico y acechando los puestos de ascenso, para echar la mirada a la zona caliente de la tabla siete semanas más tarde, más cerca de aquella categoría de cuyo nombre no quiero acordarme que del Olimpo de la División de Honor, azul como el banco que pone el dinero para dar nombre a la competición, ahora que se lo ahorra en la concesión de créditos.
Entre medias, los "Mel Boys" habían salido ovacionados en un par de ocasiones por la bocana de vestuarios. El intratable Hércules estuvo a punto de morder el polvo en Vallecas, cuando el Rayo levantó con furia un 0-2. No hubieran volado los puntos de la Albufera de no haber mediado la endémica inseguridad defensiva rayista, aprovechada por Delibasic y compañía. Siete días antes de la debacle ante el Girona, el Cartagena se llevaba el botín del Teresa Rivero en un gran partido de los locales, enturbiado por los tres goles encajados en otros tantos tiros a puerta del "Efesé". Cundía la sensación de que el Rayo necesitaba marcar al menos cuatro goles para salvar algún punto, vista la extrema debilidad que presentaba en defensa y portería.
El choque ante los rojiblancos del Girona sólo sirvió para escenificar la impotencia de un equipo al que nada parecía salir en condiciones. Rubén Castro marraba una pena máxima en el primer minuto de juego, y el primer balón colgado al área -los rivales estudian al Rayo, por si aún existen dudas- por los catalanes les ponía con ventaja en el marcador. Un Rayo incapaz veía como el enemigo público número uno en Vallecas, Roberto Peragón, ponía el 0-3 a falta de cinco minutos para el final. Las visiones más apocalípticas flotaban en el cielo del sureste madrileño y Mel se hacía a la idea de tener que preparar las maletas en breve, sumiendo en la tristeza más absoluta a los miles de seguidores que le tenían –edito, teníamos- casi por un mesías, recordando las lágrimas de aquella tarde en Eibar, y la gloria que el equipo besó en Benidorm, Zamora y Vallecas.
Los refuerzos no mejoran lo que habíacontinua
En la primera entrega de este artículo analizaremos las causas deportivas que mediaron en el cese de un entrenador rodeado de esa aureola de eternidad en el puesto característica de esos técnicos de la Premier (Wenger, Ferguson…). Causas que tienen su origen en verano, cuando el club vende al Wigan Athletic inglés al jugador más destacado de la meritoria campaña que hizo el Rayo el curso pasado. "Momo" Diame hacía las maletas junto con Antonio Amaya para ponerse a las órdenes de "Bob" Martínez. La baja del francés fue cubierta con el viejo rockero Movilla y apuntalada con la cesión de Ángel, quien llegaba desde el RCD Espanyol. Ni Movilla tiene el despliegue de Diame, ni Ángel está rindiendo acorde a lo que se espera de un jugador llegado de la Primera División.
En los costados, la secretaría técnica castigó al siempre cumplidor Miguel Albiol y no renovó su contrato. Su ausencia en la banda derecha ha sido cubierta por Tito, llegado del Alcorcón, o el segundo capitán Coke Andújar, las veces que el tarraconense Edu Albacar -proveniente del descendido Alavés- ocupaba el carril zurdo. Como en el caso del central Sergio Pelegrín, Albacar no está respondiendo a las expectativas creadas tras su buena temporada en el "Glorioso" y no está teniendo demasiada continuidad, aunque el francés Camille, su sustituto, tampoco ofrece mejores prestaciones que el catalán. La continua "caraja" defensiva se está cebando con los zagueros del equipo que alineara la campaña anterior al "Zamora" de la categoría, un Cobeño que salva tantos puntos bajo palos como pierde cuando toca salir del arco. De hecho la meta rayista ya tiene nuevo dueño en Dani, para lo que resta de temporada, si Felipe Miñambres es fiel a las declaraciones efectuadas tras el encuentro ante el Castellón. Arriba, el rendimiento de Quero y Susaeta en los extremos está siendo demasiado intermitente, el declive de Jofre ha hecho sonar todas las alarmas y el estilete Aganzo sigue sin poder enlazar tres partidos seguidos por su fragilidad física.
De este modo se antojaba difícil cumplir con el objetivo que se planteaba a principio de campaña desde la directiva, que no era otro que el ascenso. Quienes conocemos la categoría veíamos cómo la Primera División iba a estar cara como pocas veces: Betis y Real Sociedad, por historia y peso en el concierto balompédico patrio iban a ser candidatos sí o sí al ascenso. Hércules y Cartagena realizaron desembolsos económicos generosísimos, teniendo en cuenta la tendencia austera predominante en estos tiempos de crisis; sin olvidar a otros aspirantes, caso de Levante y Numancia, dispuestos a dar el hachazo a la primera oportunidad que se presente. No se sabe si mal aconsejados, o eufóricos tras la sobresaliente temporada del curso pasado, los rectores del cuadro de la Albufera impusieron un reto que ha venido grande a un grupo llamado a cotas más modestas. Felipe trata de salvar los muebles con el equipo a cinco puntos del precipicio y suspirando por lograr cuanto antes los ansiados 50 puntos; Pepe Mel, quien también aceptó o hizo suyo el discurso del asalto a la Liga de las Estrellas (primer error por su parte), se quedó por el camino. Pero de los errores de Mel, de las intrigas de vestuario, de las maniobras de unos y otros, hablaremos en una próxima entrega.

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